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Sin palabras....

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No me acostumbro a la muerte. Debo decir que es un aspecto inseparable de la vida que no me gusta para nada, jamás podré acostumbrarme a todo este cúmulo de sentimientos y emociones que se nos vienen encima cuando alguien que amamos muere. Ese vacío que deja y que nada ni nadie puede llenar...es indescriptible y se antoja, a veces, insuperable.
Hoy he perdido a un ser muy especial y muy amado. No murió hoy, pero hoy me enteré de su muerte. Hoy lo perdí.
Lo conocí cuando éramos niños y es curioso, no siento que haya muerto un adulto, sino ese niño, aquél que conocí y aprendí a amar.
Carlos de la Vega Kessel, Carlitos, jamás te olvidaré, ni a ti, ni tu amor a tu pato y todos los animales.

Gracias por tu amor de niño y por tu preciosa y cálida sonrisa.
19 de agosto de 2007.

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Carla Jiménez Baños

Carla Jiménez Baños

Lamentabilísimos los hechos sucedidos el pasado miércoles 13 de junio en la escuela "The Churchill School", cuando un padre de familia asesinó a la maestra Carla Jiménez Baños de tan sólo 36 años de edad.
Este hecho nos lleva a preguntarnos en dónde podremos estar a salvo del odio y la violencia.
Mucho se nos dice que evitemos estar en las calles a altas horas de la noche, que no nos pongamos alhajas costosas y llamativas para evitar llamar la atención de los amantes de lo ajeno, que procuremos no adentrarnos en ciertas colonias o lugares conocidos por su alta peligrosidad, etc., etc., pero nunca se nos advierte que evitemos asistir a nuestro trabajo porque ahí puede llegar alguien a asesinarnos.
Nadie se lo dijo a Carla y ciertamente hubiera sido absurdo que alguien le hiciera semejante advertencia. Y es que nadie se va a su trabajo honrado, excepto un policía, pensando que tal vez ese día sea el último de su vida porque una persona violenta y sin escrúpulos ni principios, le dispare a sangre fría.
Es de llamar la atención cómo cada vez son más las personas que buscan desahogar sus frustraciones y problemas por medio de la violencia. Esto es consecuencia de muchos factores, pero considero que el principal es la falta de valores, de ética y de un Código de Honor que rijan nuestras acciones, decisiones y, en suma, nuestra vida. Es este Código de Honor personal el que nos lleva a actuar mesuradamente, a respetar los derechos de nuestros semejantes, a hacer lo correcto, aun que no haya nadie que nos esté viendo y aunque vivamos inmersos en una sociedad y en un sistema de justicia corruptos. No es el miedo al castigo lo que debe detenernos a actuar indebidamente, sino el amor y el respeto, primero a nosotros mismos, y también a nuestro prójimo.
Debemos establecer un Código de Honor bajo el cual regir nuestra vida, Código que por supuesto debe ser respetuoso de la vida e intereses ajenos, y jamás apartarnos de él bajo ninguna circunstancia.

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