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MERCADO DE MALTRATO

Este artículo fue publicado hace unos días en el periódico mexicano Excelsior:

La historia luce insólita. El 14 de septiembre la brigada animal del Gobierno del Distrito Federal decomisó en un domicilio de Tepito, 20 cocodrilos recién nacidos que formaban parte de un cuantioso grupo de otras especies exóticas, como linces y boas. La venta clandestina de estos animales, encontrados en condiciones deplorables, dejaría ganancias por miles de pesos.

Una semana antes, la misma brigada había recogido un cocodrilo cuyo hábitat era una tina de baño.
Este es sólo un ejemplo de la dimensión que ha alcanzado la venta callejera de animales en el país. Tan sólo en la Ciudad de México, de acuerdo con datos de la Asamblea Legislativa, se estima que cada año cerca de un millón de animales se venden sin control alguno y ante la mirada ciega de las autoridades, pues todos los estados del país cuentan con leyes locales que protegen a los animales y sancionan hasta con arrestos el maltrato y comercio en la vía pública, pero en la práctica son letra muerta.

“Yo ya me cansé de denunciar porque nadie me hace caso, les avisas a los policías, hablas por teléfono a la brigada animal, pero a nadie le importa, nos falta mucha cultura para entender que los animales también sienten y sufren”, comenta, resignada, Patricia España, directora y fundadora de Milagros Caninos, el primer santuario para perros en América Latina.

Cuando existe una denuncia de por medio, prosigue, generalmente los criadores clandestinos se enteran de quién fue el denunciante. La gente recibe amenazas, intimidaciones y muchas veces agresiones, por lo que opta por pasar por alto estos actos.
¿Cuántos perritos tiene? Se le pregunta a un vendedor callejero de mascotas que a su decir todos los fines de semana exhibe su mercancía viviente abajo del puente del centro comercial Perisur, en la Ciudad de México. “Ahorita tengo como 15, pero ya vienen más en camino por si los quiere recién nacidos”, responde.

¿Cuándo nacen los otros?, se le insiste. “La próxima semana, todas las semanas tengo perritas que me están pariendo, ¿qué tan chiquitos los quiere?”, insiste.

Entre los datos proporcionados por este vendedor, es posible saber que los mascotas caseras, entiéndase perros y gatos, pueden venderse bien cuando tienen entre uno y tres meses, pero cuando ya pasan de los seis meses hay que abaratarlos y los que ya pasan de esa edad sin venderse, los finos se conservan para tenerlos en reproducción, los demás se venden a los organizadores de peleas de perros.

¿A poco los pelean, aunque sean razas chicas?, “No, los usan para que se entrenen los perros y estén fuertes para las peleas”, ¿O sea los venden para que los maten? “pos”, dice sin querer responder más.

Ante las inusuales preguntas que se le hicieron a este vendedor, empieza a sospechar y de manera cortés argumenta que se le hace tarde y empieza a levantar sus jaulas y cajas en las que tiene a perros y gatos de apenas semanas de nacidos.

“No hay cultura de respeto a los derechos de los animales, la venta es una actividad irregular que está creciendo, además de que los animales los venden muy caros y el trato que le dan es indigno”, comenta la asambleísta Rebeca Parada, quien actualmente promueve en el Distrito Federal una nueva ley en la materia.
Se vende mascota

Cecilia Vega, activista de la Fundación Antonio Haghenbeck y De la Lama, de defensa y esterilización de animales, señala que no es sólo el comercio ilegal, también las condiciones en las que se realiza la cría.

“Hay gatos que tienen en jaulas para pájaros, a las hembras nada más las están cargando sin control médico, a los animales que les sirven de sementales ni siquiera los alimentan bien y, cuando ya no les sirven, los echan a la calle a su suerte”, reclama.
Hace unos años, la organización a la que pertenece Vega realizó un seguimiento en medios escritos para determinar cuántos anuncios encontraban con ofertas de mascotas. En un medio escrito de la capital del país, aparecieron en un mes 24 mil anuncios de venta de animales.

De acuerdo con un estudio de mercado realizado por los organizadores de Expo Mascotas, una de cada cuatro familias en el país tiene una mascota; el mercado formal en este segmento está entre los tres mil y cuatro mil millones de pesos anuales, mientras que el clandestino podría duplicar la cifra.

La reproducción constante, además de deteriorar y enfermar al ejemplar, acorta su periodo de vida a la mitad, en ocasiones para venderlos como especies enanas y obtener una ganancia extra; hay ejemplares de perros y gatos que los mantienen en cajas pequeñas durante meses para así detener su crecimiento.

“No nada más en la venta callejera, hemos detectado en la Expo Can y en las exposiciones que hay animales que les han cortado la cola con tijeras y sin anestesia a cachorros de dos semanas; al poco tiempo les da gangrena. Entre la mercancía de esos vendedores también hemos recogido animales que se ahogan con sus propios parásitos”, relata Vega.

De acuerdo con la activista, en la Ciudad de México los lugares menos recomendados para comprar mascotas son Pericoapa, el Mercado de Sonora, el puente de Perisur, Tepito, la colonia Agrícola Oriental, Plaza Satélite, Chiconcuac y Cuautitlán Izcalli.
Según datos de la fundación Haghenbeck y De la Lama, en esos sitios existe una cantidad importante de criadores clandestinos. La mayoría de los animales adquiridos en estos sitios se mueren entre 15 días y dos meses posteriores a haber sido
adquiridos.

Estimaciones de la Universidad de Guadalajara resaltan que 90 por ciento de los perros callejeros fueron expulsados por sus originales dueños y un porcentaje considerable son perros o gatos abandonados porque ya no servían como pie de cría; la prueba es que entre 35 y 40 por ciento de los animales que deambulan por las calles son de razas puras.

Algunos perros callejeros que fueron utilizados como pie de cría y se hacen de naturaleza agresiva ante el maltrato y las condiciones precarias en las que subsisten, como consecuencia del estrés canino, difícilmente pueden convivir con humanos, por lo que la única solución es sacrificarlos.

¿Y la regulación?

Como se dijo al principio, en el país existen leyes tanto a nivel local como a nivel federal, en el caso de especies exóticas, que prohíben y sancionan el comercio callejero de animales, pero si se parte del principio constitucional de que los animales son “cosificables”, es decir, pueden ser considerados como “cosas”, realmente es poco lo que jurídicamente se puede hacer.

“Cuando el comercio se da en vía pública el inspector revisa, pero le interesará más si el vendedor está cumpliendo con los reglamentos de comercio que con las leyes de protección a los animales, sancionan si hay alguna violación, pero no si están vendiendo animales de forma ilegal”, observa Sergio Ampudia, de la Escuela de Derecho de la Universidad Panamericana.

Aunque recientemente, a través de mensajes radiofónicos el gobierno federal advierte que tener especies silvestres en cautiverio o lucrar con ellas es un delito federal, el abogado afirma que nadie cumple con las leyes en la materia.

“Habría que cumplir la legislación porque cuando te venden un animal en la calle en la mente del inspector no está el que es un ser vivo, sino el acto de comercio; a un inspector en vía publica le da mismo que estén vendiendo comida o un perro”, insiste.
Según la Ley de Protección a los Animales en el Distrito Federal, reformada el 13 de octubre del año pasado, en su artículo 12, las autoridades delegacionales tienen la obligación de verificar cuando existan denuncias sobre ruidos, hacinamiento, falta de seguridad u olores fétidos que se producen por el mantenimiento, la crianza o reproducción de animales, así como dar conocimiento a la Secretaría de Salud cuando exista falta de higiene.

“Hay una pena en la ley vigente, pero es como una prostitución escondida o clandestina, la gente no denuncia por temor”, dice Rebeca Parada.

El artículo 24 de la citada normatividad, considera como actos de crueldad y maltrato, que deben ser sancionados, causar la muerte a cualquier animal con métodos que prolonguen su agonía y sufrimiento; cualquier mutilación o alteración de la integridad física o modificación negativa de sus instintos naturales y todo acto u omisión que afecte su bienestar.

Un punto muy importante es que este artículo considera como un acto de crueldad la comercialización de animales enfermos, con lesiones, traumatismos, fracturas o heridas, mientras que el Artículo 27 indica por su parte que a la hora de la venta cualquier animal debe ir acompañado de un calendario veterinario de salud, en el que quede de manifiesto que está al corriente en sus vacunas, desparasitados y libre de cualquier enfermedad.

La ley prohíbe bajo cualquier circunstancia la venta callejera de animales. Hacerlo hace al responsable acreedor a una sanción que va desde multas de 250 mil días de salario mínimo hasta arrestos por 36 horas.

“Hay un problema de cultura jurídica en el que el animal no puede ser objeto de aprovechamiento, están cosificados, en la cultura jurídica se les considera como cosa”, ¿cómo lograr que la ley modifique esa actitud? Solamente variando la rentabilidad de esa conducta, establecer sanciones económicas importantes, los consideramos objeto de comercio sobre los que se puede tener abuso”, lamenta Ampudia.

Un alto a este lucro
Antes de finalizar el año, Rebeca

Parada, asambleísta del Partido Nueva Alianza, espera someter a discusión de la Asamblea Legislativa, una serie de reformas a la legislación para que a partir del próximo año cambien las reglas en materia de trato y comercio de animales.

“Reformarán, adicionarán y derogarán algunos artículos, se presenta en octubre en el pleno con modificaciones donde incluye que en centros comerciales quede prohibido el comercio de animales, advierte.

Con la nueva legislación, la autoridad tendrá la obligación de consignar y recoger los animales a todas aquellos personas que detecten vendiéndolos en la vía pública e incluso las tiendas de mascotas serán sometidas a férreos controles y censos sobre el origen de los animales que venden, qué seguridad y cuidados tienen, así como si cuentan o no con chip para su identificación.

“Se está revisando también el Código Penal para que se dé pena corporal en cuestiones de zoofilia, realización y organización de peleas de perros, no podemos seguir con una Ley que nadie cumple, nadie había tocado el tema de los animales porque son seres que también sienten están proliferando y nadie hace nada, ya es el momento de empezarnos a preocupar, esta gente está ahorita en impunidad y nadie puede hacer nada”, dice molesta.

Afirma que también está pendiente una ley de tenencia de perros y animales domésticos, en el que en primer lugar se limite a una las camadas por animal para que después exista por parte de los dueños la obligación de esterilizarlos para ello se pretende la creación de un hospital veterinario en el la Ciudad de México, donde a precios accesibles las mascotas puedan recibir la atención médica necesaria.

Para evitar que la cría y venta irregular de mascotas se traslade del DF a poblaciones conurbadas del Estado de México se pretende que exista una la Ley Metropolitana de Protección a los animales.

Un punto muy importante, de las reformas que propone Parada es que en escuelas se empiecen a llevar programas de cultura y respeto a los animales para que desde niño, el humano aprenda a respetar a sus mascotas.

Cuando se habla de venta callejera de mascotas, generalmente se piensa en perros y gatos, no obstante, hay otras especies que también empiezan a ser blanco de la inhumana industria del traspatio, como los peces y los pájaros; las transacciones callejeras llegan a incluir caballos.

Pero también existe la idea de que la cría de traspatio sólo se da en barrios bravos o en colonias periféricas, lo cual es falso, pues, aunque en menor escala, residentes de las grandes zonas residenciales del Distrito Federal como Polanco y el Pedregal también hacen de los animales un objeto de comercio.

Por: Juliana Fregoso
Excelsior
21/09/2007
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