Carla Jiménez Baños

Lamentabilísimos los hechos sucedidos el pasado miércoles 13 de junio en la escuela "The Churchill School", cuando un padre de familia asesinó a la maestra Carla Jiménez Baños de tan sólo 36 años de edad.
Este hecho nos lleva a preguntarnos en dónde podremos estar a salvo del odio y la violencia.
Mucho se nos dice que evitemos estar en las calles a altas horas de la noche, que no nos pongamos alhajas costosas y llamativas para evitar llamar la atención de los amantes de lo ajeno, que procuremos no adentrarnos en ciertas colonias o lugares conocidos por su alta peligrosidad, etc., etc., pero nunca se nos advierte que evitemos asistir a nuestro trabajo porque ahí puede llegar alguien a asesinarnos.
Nadie se lo dijo a Carla y ciertamente hubiera sido absurdo que alguien le hiciera semejante advertencia. Y es que nadie se va a su trabajo honrado, excepto un policía, pensando que tal vez ese día sea el último de su vida porque una persona violenta y sin escrúpulos ni principios, le dispare a sangre fría.
Es de llamar la atención cómo cada vez son más las personas que buscan desahogar sus frustraciones y problemas por medio de la violencia. Esto es consecuencia de muchos factores, pero considero que el principal es la falta de valores, de ética y de un Código de Honor que rijan nuestras acciones, decisiones y, en suma, nuestra vida. Es este Código de Honor personal el que nos lleva a actuar mesuradamente, a respetar los derechos de nuestros semejantes, a hacer lo correcto, aun que no haya nadie que nos esté viendo y aunque vivamos inmersos en una sociedad y en un sistema de justicia corruptos. No es el miedo al castigo lo que debe detenernos a actuar indebidamente, sino el amor y el respeto, primero a nosotros mismos, y también a nuestro prójimo.
Debemos establecer un Código de Honor bajo el cual regir nuestra vida, Código que por supuesto debe ser respetuoso de la vida e intereses ajenos, y jamás apartarnos de él bajo ninguna circunstancia.
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