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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007. Resumen
A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa..." ...sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas." Maurice Maeterlinck "Cuídate de las aguas mansas.......porque de las bravas todos se saben cuidar" Falta De FondosExisten dos motivos principales por los que un negocio fracasa. Uno es la falta de ventas y el otro es la falta de fondos. Realmente estamos hablando del mismo problema. Vender no solamente se trata de convencer a los clientes, también se trata de establecer confianza en tu propio staff, en los proveedores, instituciones financieras e inversionistas. El principal obstáculo que impide que esto ocurra es la inhabilidad de manejar la situación o el miedo en el manejo de las objeciones. De hecho, fallar ante las objeciones no es tan determinante para vender o solicitar un préstamo, como el verse intimidado por la posibilidad de enfrentarse a una objeción específica. La verdadera tragedia en los negocios es que venderles a los demás tus sueños y aspiraciones puede llegar a ser la venta más importante para que tu negocio aumente sus expectativas de vida y mantenga sus esperanzas. Ahora, solicitar un préstamo puede llegar a ser algo de lo más difícil porque estás poniendo tu integridad, tus sueños y tu firma en un pedazo de papel. En sí ya es bastante complicado manejar las objeciones en cuanto a un producto o servicio, pero pedirle a alguien que invierta en tu idea que puede o no llegar a funcionar, genera altos niveles de estrés. El mayor problema con las objeciones es que estas vuelven loca a tu “vocecita” con la simple idea de tener que enfrentarlas. Tu emoción sube y tu inteligencia baja y en ocasiones ni siquiera puedes pensar claramente. Este es un mal escenario cuando un inversionista potencial te bombardea con preguntas legítimas pero difíciles. Si tu cerebro se desconecta de tu boca o si comienzas a escupir datos e información sólo para tratar de escucharte inteligente, habrás perdido tu estrategia. Alguien que tiene la intención de invertir en tu empresa, podría estar interesado en conocer la forma en que manejas la presión. Si titubeas, podrías perder la oportunidad. Aquellos que están dispuestos a vencer el miedo al rechazo, a la vergüenza, o a hacer el ridículo, al final resultan vencedores en el juego de las ventas. La buena noticia es que cualquiera puede aprender a vencer las objeciones utilizando sistemas, practicándolos y buscando un poco de entrenamiento. Probablemente la mejor forma de anticipar y manejar las objeciones es aprendiendo a hacer buenas preguntas. Al preguntar, podrás conocer la verdad que hay detrás de las necesidades y las preocupaciones de un inversionista o cliente. La verdad es que siempre te vas a enfrentar a objeciones y a preguntas difíciles y habrá momentos en que “meterás la pata”. Esto es normal, pero lo más importante es que tengas un sistema para aprender de cada situación y que te permita estar mejor preparado para la próxima ocasión. Nunca dejes de hacer preguntas por que entonces la respuesta automática puede convertirse en “¡NO!”. ¡Sé increíble!
No ClaudiquesCuando vayan mal las cosas, Rudyard Kipling 22/08/2007 20:53. Autor: Lilianis. # enlace permanente. RecuerdosEsta historia fue enviada a mi correo por Reflexiones Renuevo de Plenitud
Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio. De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche. Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo. Mi padre había hablado de su rabia. No quería que "ellos" se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa. -Ten cuidado, Jorge, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas. De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró: -Te quiero, hijo mío. Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareació en la noche. Un mes mas tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió. Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto. Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo: |
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